La especie humana tiene una larga historia. Hemos ido evolucionando configurando aspectos de nuestras necesidades básicas como seres humanos. El niño nace y sus necesidades tienen que ser cubiertas. Estas se pueden resumirse en:

1. Necesidades fisiológicas (alimentación, higiene, sueño, afecto, etc…).

2. Necesidad de protección ante posibles peligros (reales o imaginarios).

3. Necesidad de explorar su entorno.

4. Necesidad de jugar.

5. Necesidad de establecer vínculos afectivos.

Los vínculos afectivos son una necesidad que forma parte del proyecto de desarrollo de un niño recién nacido. Si esta necesidad no es satisfecha, el niño, adolescente, joven o adulto sufrirá de carencias afectivas.

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El apego o vínculo afectivo es la relación que establece el niño con las personas que le cuidan. Se produce una vinculación más primaria desde el nacimiento, donde los niños establecen una relación más cercana y afectiva con la madre o padre, que suelen ser sus primeros cuidadores. De ahí la importancia que los padres satisfagan las necesidades de su bebé (afectivas, fisiológicas, protección, estimulación, etc.) para el buen desarrollo del bebe. El llanto es uno de los principales mecanismos que utiliza él bebe para reclamar alguna necesidad, como puede ser hambre, sed, frio, miedo, mimos. Cuando inicie a hablar, comunicará sus necesidades a través del lenguaje.

El niño ante situaciones amenazantes como puede ser una enfermedad, caída, separación, peleas con otros niños, tiende a buscar la seguridad, a la persona con la que tiene el vínculo afectivo (la maestra, los padres, los abuelos, etc.).

Es fundamental en la educación del niño, proporcionarle seguridad afectiva, sin caer en la sobreprotección, para que pueda construir su personalidad sobre una base firme y segura. Si el niño percibe, desde edades muy tempranas, que sus padres están a su lado para apoyarle, para guiarle en su camino, escuchar sus sentimientos cuando lo necesita, crecerá con mayor seguridad y autonomía.

Las investigaciones afirman que los vínculos de apego seguro no establecidos debidamente a su tiempo, pueden repercutir en la relación del niño con sus padres y con las demás personas y en la seguridad y confianza para enfrentarse a las situaciones vitales.

Hoy en día, encuentro en mi consulta, padres angustiados porque sus hijos adolescentes exhiben una conducta problemática, con ellos y con los demás. En la evaluación se comprueba que no se ha establecido un vínculo de apego seguro en las primeras etapas.

No se puede construir la relación de los hijos solo a base de proporcionarles necesidades materiales. El escucharles, el intentar conectar con lo que les preocupa en el día a día, el buscar espacios de tiempo de calidad para compartir con ellos, son vitales para construir una sólida relación padres e hijos.

Maria Angela Martin Magro. Psicóloga clínica Fundación Educación Activa

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